... hay que darse el gustazo
... hay que permitírselo
... hay que disfrutar
... hay que sonreír
... también hay que llorar
... bailamos
... cantamos y reímos
... se nos va
... vuelve a nosotros
... hay que callar
... hay que pensar
... hay que escuchar
... hay que recordar
... hay que dar gracias
Pero siempre hay que ser feliz.
Este es mi pequeño taller de ideas. Empezaré con descripciones básicas y simples de mis día-a-día, a ver qué sale.
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported. Los escritos que aquí se encuentran están protegidos por Creative Commons. El uso de los mismos sin mención al blog y/o sus autores será motivo de denuncia.
jueves, 4 de julio de 2013
lunes, 1 de julio de 2013
Compartiendo
Una simple llamada.
Una carta.
Una fotografía o un recuerdo.
Incluso hablar en voz alta.
El caso es compartir aquello que se teme.
Compartir lo que se quiere
para ser feliz aunque sea
un instante.
Una carta.
Una fotografía o un recuerdo.
Incluso hablar en voz alta.
El caso es compartir aquello que se teme.
Compartir lo que se quiere
para ser feliz aunque sea
un instante.
jueves, 20 de junio de 2013
Diario de una historia
Muchas veces llamo la atención por la fachada, dicen que lo importante está en el interior y estoy completamente de acuerdo, sin embargo los colores que uso, las imágenes, el estilo son aspectos que no pasan desapercibidos. Aunque a mí, lo que más me gustan son las palabras con las que se me describe, lo que se dice de mí, siempre y cuando sea positivo, claro.
Una palabra más otra más otra y tenemos una frase que puede llegar a formar la descripción perfecta. Incluso hay ocasiones en las que con solo una palabra ya atraigo. Invisible. Lolita. Expiación. ¿Pretencioso? Puede, pero absolutamente cierto. Aunque como todo en la vida nuestro nombre no lo elegimos nosotros, pero lo llevamos con orgullo ya que es lo que nos identifica, lo que nos hace diferentes.
Si eso es así, si con una palabra se dice tanto de nosotros, un mundo nuevo se abre paso. Me abren, me miran, me observan de arriba a abajo y de principio a fin, me devoran con la mirada, se emocionan conmigo y me responden con sonrisas dulces, lágrimas tímidas o carcajadas sinceras. Pero lo mejor de todo es que formo parte de sus vidas; me llevan a todas partes, pasan todo el tiempo que pueden conmigo, compartimos bebidas, incluso me llevan a la cama hasta altas horas de la madrugada y si tengo suerte me recomiendan. No hay nada más bonito que oír que has cumplido tu objetivo, aunque te pasen de mano en mano como una prenda usada. Entonces me vuelven a tocar, a inspeccionar, a recorrer de principio a fin.
Muchos tienen un vida corta pero otros, entre los que me encuentro, afortunadamente, pasamos de generación en generación. Nos gusta hablar de todo; de aventuras, de la vida cotidiana, de investigaciones policíacas, pero a mí, lo que más me gusta, es transmitir paz y serenidad antes de dormir, es un placer ver a una persona descansar, cómo se le van entrecerrando los ojos y finalmente me aparta a un lado con cuidado, apaga la luz y me da las buenas noches.
Además se dicen muchas cosas de nosotros. Somos un colectivo grande, eso seguro, y damos mucho qué hablar. Muchas de las cosas son ciertas, otras, meramente inventadas aunque curiosamente válidas; la interpretación es algo tan personal que es muy difícil que dos personas digan exactamente lo mismo y siempre damos pie a la imaginación, intentamos fomentar la creatividad y creo que lo conseguimos bastante bien. Si no fuese así, no se especularía tanto cada vez que uno de nosotros sale a la luz.
Últimamente se nos ha llegado a cambiar con extraños. A mí al principio me parecía algo fuera de lo normal pero después de darle muchas vueltas me apunté al extraño mundo del intercambio. Se nos deja en varios sitios (el metro, el autobús, en una parada de tren o en una cafetería. Eso sí, siempre llevamos la documentación necesaria, así, si alguien quiere sentarse con nosotros y disfrutar de nuestra compañía sabe qué hacer después.
Es un mundo de veras fascinante. No me arrepiento de haber tomado la decisión. Nunca antes había viajado tanto: una vez recorrí más de 600 km en un día y nunca, nunca he estado en el mismo sitio dos veces. ¡Hay que ver cuántas cosas diferentes hay por el mundo!
Se dice que cada vez importamos menos, pero yo no estoy de acuerdo. Hoy en día, más gente sabe leer, más gente tiene acceso a la alfabetización, más que nunca en la historia de la humanidad y nos hallamos al alcance de muchos. No estamos prohibidos en ningún sitio, quizás alguna de nuestras formas sí, pero independientemente de nuestra formas, nuestro cometido es el mismo: ayudar.
El que nos quiere, nos adora y somos como el buen vino: mejoramos con los años.
Queremos formar parte de tu vida pero solo cuando tú estés listo para nosotros. Solo entonces verás las vidas que tenemos por compartir y todo lo que tenemos para ti.
miércoles, 19 de junio de 2013
Motivación ven a mí
Encontrar la motivación es algo que siempre me ha parecido difícil y prácticamente imposible. Bueno, miento, no siempre. Cuando estaba en la universidad tenía claro mi objetivo y me esforcé en conseguirlo. Al terminar la carrera también, aunque en ese momento se me abrieron varias puertas y desde ese momento no he cerrado ninguna.
Mi objetivo en este momento es ser profesora. Lo deseo con todas mis fuerzas pero no sé porqué pero debo estar haciendo algo mal. Hace 4 años empezó mi odisea. Después de muchas idas y venidas me presenté a una oposición que me ayudó a entrar en la bolsa de trabajo, 3 institutos en un año (no son muchos, pero no está mal para empezar a romper el hielo con la enseñanza). Después me destinan a 250 km de mi casa y por último me toca la lotería y me quedo en un centro de cerca de mi casa, todo el curso. Pero la situación económica empeora de manera drástica. Huelgas, quejas, reducción de horarios, aumento de ratios y profesorado interino - entre los que me encuentro - se queda sin trabajo.
Decido, pues, irme del país a vivir con mi pareja (cosa que ya había intentado hace 5 años antes de prepararme la oposición) y pierdo el norte, pierdo el rumbo. El objetivo sigue siendo el mismo, pero no hay manera de conseguirlo. No hay trabajos para mí. Más que alguna que otra sustitución de vez en cuando, nada estable. La situación de interina no era estable, pero al menos me levantaba para ir a trabajar.
En fin, no sé hacia dónde canalizar mi energía, lo intento, pero no me sale bien. Eso afecta a otros ámbitos de mi vida, desde mi pareja a amigos, pasando por mi familia. Y la que se siente vacía, impotente y llena de frustración soy yo. Nadie más.Nadie me ve así, porque ya me encargo yo de disimularlo. Y ya he pasado por esta situación antes, eso es lo peor de todo.
No todos los días son así y eso es precisamente lo que me descoloca. Hay días en los que estoy bien, miro a mi alrededor y me digo que bueno, no tengo trabajo, no tengo ataduras económicas así que puedo disfrutar de lo que tengo alrededor. Pero hay otros días como el de hoy en los que no puedo más. No estoy feliz y me creo que saliendo corriendo en dirección contraria encontrare lo que quiero.
Si vuelvo a casa para trabajar como interina, cueste lo que cueste, puede que pierda a mi pareja aunque quizás me encuentre a mí misma.
Si me quedo aquí, en el extranjero, pierdo mi trabajo (porque no me sale nada nuevo), me pierdo yo pero mantengo a mi pareja.
Y mientras decido qué hacer, he perdido otro día más.
Mi objetivo en este momento es ser profesora. Lo deseo con todas mis fuerzas pero no sé porqué pero debo estar haciendo algo mal. Hace 4 años empezó mi odisea. Después de muchas idas y venidas me presenté a una oposición que me ayudó a entrar en la bolsa de trabajo, 3 institutos en un año (no son muchos, pero no está mal para empezar a romper el hielo con la enseñanza). Después me destinan a 250 km de mi casa y por último me toca la lotería y me quedo en un centro de cerca de mi casa, todo el curso. Pero la situación económica empeora de manera drástica. Huelgas, quejas, reducción de horarios, aumento de ratios y profesorado interino - entre los que me encuentro - se queda sin trabajo.
Decido, pues, irme del país a vivir con mi pareja (cosa que ya había intentado hace 5 años antes de prepararme la oposición) y pierdo el norte, pierdo el rumbo. El objetivo sigue siendo el mismo, pero no hay manera de conseguirlo. No hay trabajos para mí. Más que alguna que otra sustitución de vez en cuando, nada estable. La situación de interina no era estable, pero al menos me levantaba para ir a trabajar.
En fin, no sé hacia dónde canalizar mi energía, lo intento, pero no me sale bien. Eso afecta a otros ámbitos de mi vida, desde mi pareja a amigos, pasando por mi familia. Y la que se siente vacía, impotente y llena de frustración soy yo. Nadie más.Nadie me ve así, porque ya me encargo yo de disimularlo. Y ya he pasado por esta situación antes, eso es lo peor de todo.
No todos los días son así y eso es precisamente lo que me descoloca. Hay días en los que estoy bien, miro a mi alrededor y me digo que bueno, no tengo trabajo, no tengo ataduras económicas así que puedo disfrutar de lo que tengo alrededor. Pero hay otros días como el de hoy en los que no puedo más. No estoy feliz y me creo que saliendo corriendo en dirección contraria encontrare lo que quiero.
Si vuelvo a casa para trabajar como interina, cueste lo que cueste, puede que pierda a mi pareja aunque quizás me encuentre a mí misma.
Si me quedo aquí, en el extranjero, pierdo mi trabajo (porque no me sale nada nuevo), me pierdo yo pero mantengo a mi pareja.
Y mientras decido qué hacer, he perdido otro día más.
martes, 18 de junio de 2013
El que espera desespera
La eterna espera de una respuesta que no llega hace tambalear los pilares sobre los que me hallo.
Una semana, otra semana, otro mes.
Y mientras tanto, los días pasan.
Impaciencia y ansia.
¿Es real esa sensación?
Quizás son trampas que tiende la mente.
Esperando no desesperar.
Deseando no esperar.
Una semana, otra semana, otro mes.
Y mientras tanto, los días pasan.
Impaciencia y ansia.
¿Es real esa sensación?
Quizás son trampas que tiende la mente.
Esperando no desesperar.
Deseando no esperar.
jueves, 6 de junio de 2013
Época de cambios
Dicen que el hecho de cambiar de decena produce cambios en la manera de vivir y de ver el mundo de las personas. No recuerdo cuando pasé de los 9 a los 10 años, pero sí recuerdo el sentimiento de superioridad y las ganas de comerme el mundo de los 19 a los 20. Ya no era adolescente. Pasaba a ser una mujer, una joven adulta. O así lo creía al menos. Me imaginaba a mí misma en los próximos 10 años convertida en una súper mujer.
Claro que recuerdo el paso de los 29 a los 30 pues tan solo fue el año pasado, ahora estoy a dos meses de los 31. Si me lo hubieran preguntado el año pasado hubiese dicho que el haber cumplido 30 años me pesó, me sentí muy mayor muy de repente pero sobre todo me encontré más indefensa que a los 20 ó 24. Ésa no era la súper mujer que yo creía que iba a ser a los 20, una súper mujer in trabajo? Sin independencia económica? Sin estabilidad emocional porque no logra superar pérdidas? Con unos miedos que le impiden disfrutar de su vida?
Pues sí, esa fue la súper mujer en la que me convertí. Ya no quiero ser una súper mujer nunca más. Estoy luchando por racionalizar, por tomarme las cosas con calma y por conocerme a mí misma.
Para esto hay una serie de cambios que sé que debo llevar a cabo. Empecé en noviembre y a día de hoy estoy muy orgullosa, luchando con mi ego y no dejando que los miedos que proyecta se apoderen de mí. Vuelvo a escribir. Vuelvo a leer. Vuelvo a sonreír.
Y poco a poco, volveré a ser yo.
lunes, 21 de enero de 2013
La ventana
Mirar por la ventana y sentir el frío de la calle.
La nieve cayendo en las hojas, los muros, el asfalto, los coches.
El calor del fuego abrasando mi pierna.
El alimento hirviendo cayendo por mi garganta y llegando a mi estómago.
El humo de ese caldo reconfortándome.
La falta de sabor se ve compensada por la sensación de comfort con cada cucharada.
Los copos de nieve pasan a ser llovizna, que sigue cayendo sin prisa pero sin pausa.
No se distingue el cielo de los techo de las casas, ambos blancos como la nieve.
Los pájaros vienen a comer el pan duro que les deja la vecina en el muro que separa su casa de la mía.
Como cada día vienen en pequeñas bandadas.
Los veo por la ventana.
Ya es hora de cerrar la ventana y correr la cortina.
Ya es hora de cantar "Hola amigos" y dar pegatinas.
¡Y allá que nos vamos mi catarro y yo!
En un día como hoy, ¡mirar por la ventana se me antoja la mejor idea del mundo!
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)