El hecho de levantarte por la mañana un lunes de noviembre y darte cuenta de que te espera un día mucho mejor de lo que tú te habías imaginado no tiene precio.
Pensaba que iba a hacer frío, con lo que al estar calentita en la cama y con las cortinas echadas, no me apetecía nada enfrentarme al frío y posible lluvia de otro lunes. Pero lo he hecho, y cuál ha sido mi sorpresa cuando he corrido las corinas y he visto que hacía un sol impresionante; era uno de esos días en los que apetece salir, disfrutar de un largo paseo con el sol en la cara, los guantes, los calcetines gordos, todas las prendas térmicas que tienes...
Y eso he hecho, después de una reunión de trabajo (algo informal) he pasado por la verdulería y he comprado un par de cosas para hacerme una sopa calentita después del paseo.
Mientras andaba me he encontrado a mí misma recapitulando momentos del sábado por la noche y el que me ha puesto una sonrisa en la cara ha sido el baile lento que Bob y yo nos pegamos sin nadie más alrededor...En su momento me dio un poco vergüenza, no había hecho nunca parecido, no soy muy buena bailando y mucho menos dejando que otros decidan mis pasos, así que al principio fue un poco caótico, a nuestro estilo, pero luego fue bonito, mientras escribo esto me viene otra sonrisa y unos pocos colores de cara.
Al llegar a casa he visto que tenía un mensaje de mi mejor amiga, a la que hoy le podría cambiar la vida, ha tenido una oferta de trabajo y no le ha ido mal, lo que me ha alegrado todavía más. Sólo espero que no la hagan esperar mucho y sobre todo que le den el sí, porque se lo merece.
He hecho una sopa de tomate y queso azul riquísima y ahora voy a por la taza de té, para que sea un día de otoño en toda regla y que los 2º de fuera no puedan conmigo.
Para terminar nos iremos a ver unos fuegos artificiales, que hoy es Bonfire Night, otra experiencia nueva que añadr a la lista.
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