¡Qué bien se está sin hacer nada! Frase favorita de mi madre. Y ahora que estoy de vacaciones en su casa la oigo todos los días. Lo mejor de todo es que tiene razón; se está muy bien sin obligaciones. Empecé las vacaciones a mediados de julio y desde entonces creo que lo que más he hecho ha sido leer, comer y descansar, en ese orden.
Ha sido un curso escolar productivo, por una parte.
Por la otra, el próximo curso escolar promete, al menos promete trabajo y poco tiempo para encantarse en los laureles.
Enlazándolo con la entrada anterior, éste va ser un curso de propósitos, de pensar en formar una familia, de mirar hacia delante con positivismo y con ilusión y, sobre todo, de tener menos miedo.
Por lo pronto a disfrutar de casa y de la familia y de la lectura, que es un placer que tenía olvidado, aunque hecho de menos a mi Pai...